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Devocional Nuevo

Lucas 9:25 Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.

Si algo ha caracterizado estos tiempos es la gran cantidad de voces que se han levantado.

Todos tienen algo nuevo y diferente que decir, oímos como algunos dan consejos que después otros debaten, oímos un descubrimiento que después otros señalan de fraude, oímos que debemos hacer algo y mañana oímos que debemos hacer lo contrario.

Las voces que se han levantado en el mundo solo han traído caos, confusión e incertidumbre. Todos aseguran hablar la verdad, pero ninguno de ellos habla desde la fuente correcta, por lo tanto aunque puedan hablar cosas que son reales y ciertas nunca podrán hablar la verdad, porque la verdad es una persona la verdad es Cristo.

Si algo debemos buscar como hijos de Dios en este tiempo es oír la voz del Padre, es ser guiados por su voz. Fuimos creados con la capacidad de oírle, El desea hablarnos, por lo que es de vital importancia acallar toda voz ajena a la suya y enfocarnos solo en el sonido de su voz.

El oír la voz del Padre no es algo que se aprende, por lo que no hay manuales que lo enseñen, es algo que se experimenta. Su voz es espíritu, es una imprenta de vida que se recibe en el espíritu, que nuestra alma debe codificar para que nuestro cuerpo pueda ejecutar.

Te invitamos a tomar un tiempo junto a tu familia y permitirle al Señor tratar esta área de sus vidas haciendo lo siguiente:

1.-Como familia pídanle al Espíritu Santo les revele las muchas voces que se pelean por ser oídas. ¿Qué voces están oyendo, qué voces son las que los están guiando? Quizá sea la voz que se levantan en las noticias, las voces de las redes sociales, la voz de los economistas, o aún las voces que hablan dentro de la iglesia, quizá sea la voz del temor, de la angustia que habla desde el interior de cada uno de ustedes. La voz que oímos y a la cual le prestamos atención termina guiando nuestra manera de obrar.

¿Compartan que les reveló el Espíritu en cuanto a la voz que hoy está guiando sus decisiones?

2.- Permitan que cada miembro de la familia comparta una experiencia en la cual ha escuchado la voz del Padre.

¿Cómo supo que era la voz del Señor que le estaba hablando? ¿Qué produjo en su ser el oír esa voz, cómo pudiera describirla?

3.-Si algún miembro de la familia no ha escuchado la voz del Padre, o ha pasado tiempo sin oírla, como familia oren por él o ella. Declaren que sus oídos espirituales se abren para oír, que como hijo fue creado con la capacidad de oír la voz de su Padre. Aten todo espíritu de duda y de incredulidad que se ha levantado para que él o ella no crea que su Padre anhela hablarle y pueda así oír la voz del Señor, proyecten su fe pidiéndole al Padre que le hable claramente para que él o ella no tenga duda del sonido de su voz.

4.- Terminen este tiempo haciendo la siguiente oración:

“Padre en el nombre de Jesús hoy como familia nos presentamos delante de ti, te damos gracias porque nos has dado la capacidad de oír tu voz. Sabemos que Tu hablas y anhelas que como tus hijos amados escuchemos atentamente el sonido de tu voz.

Te pedimos perdón por todas las veces que hemos permitido que voces contrarias se levanten por encima del sonido de tu voz, perdónanos por todas las veces que hemos prestado mayor atención a voces ajenas, perdónanos porque al hacerlo hemos perdido la frecuencia de tu voz.

Padre hoy disponemos nuestros oídos espirituales para escucharte, sabemos que como tus hijos somos guiados por la voz de tu Espíritu. En el nombre de Jesús callamos toda voz contraria a la tuya, la enmudecemos y declaramos que estamos atentos, que anhelamos oír tu voz, declaramos que fortalecidos en el poder del Espíritu Santo somos obedientes a las instrucciones que nos des, somos obedientes para dejarnos guiar por el sonido de tu voz.

Gracias, Padre porque como ovejas tuyas oímos tu voz y te seguimos. En el nombre de Jesús, Amén”