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Devocional Nuevo

Proverbios 19:11 “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa”.

El pasar por alto las ofensas nos hace personas honorables.

Nuestro Padre celestial es merecedor de toda honra porque Él pasó por alto nuestras ofensas, nuestro pecado y rebeldía, trayéndonos salvación a través del sacrifico de Jesús en la cruz.

Hace pocos días estuvimos celebrando la pascua. La palabra pascua (pesaj) significa pasar por alto. El ángel de la muerte pasó por alto las casas donde la sangre del cordero había sido puesta en los dinteles de las puertas.

En este tiempo el Padre nos llevó a casa para hacer de la pascua una constante celebración y hacernos familias de honra que pasen por alto la ofensa.

Te invitamos a que tomes un tiempo en familia para que juntamente con el Espíritu Santo hagan lo siguiente:

1.- Oren pidiendo al Padre Celestial, para que el Espíritu Santo saque a la luz toda ofensa que se ha guardado en el corazón contra otro miembro de la familia.

2.-Aliente a cada miembro de la familia a compartir la ofensa que el Espíritu Santo le reveló. ¿Quién lo ofendió, cuál fue la ofensa y por qué se sintió ofendido?

3.-Inmediatamente después de compartir la ofensa, dirigir la mirada al miembro de la familia que cometió la ofensa y decirle: “te perdono por ofenderme, y decido pasar por alto esta ofensa, en el nombre de Jesús”.

4.-Quien cometió la ofensa, en humildad, pedirá perdón al miembro de la familia que consciente o inconscientemente ofendió.

5.-Después que todos los miembros de la familia hayan compartido la ofensa que están pasando por alto, y hayan perdonado al ofensor, tomarse de las manos y como familia establecer la siguiente declaración:

“Padre, en el nombre de Jesús, y como familia, te damos las gracias porque Tú pasaste por alto nuestras ofensas, nuestro pecado y nuestra rebeldía. Gracias porque por el sacrifico de Jesús en la cruz nos liberaste de la deuda que nuestras ofensas generaron.

Padre, hoy como familia nos presentamos delante de ti, reconocemos que hemos guardado en nuestros corazones las ofensas que hemos cometido los unos contra los otros, pero en este día hemos decidido hacer lo mismo que Tú hiciste con nosotros y pasar por alto dichas ofensas.

Padre, hoy perdonamos la deuda que cada ofensa generó, decidimos liberar a nuestro esposo, esposa, hijo, hija, padre, madre, hermano, hermana, del peso de la ofensa, y declaramos que, así como el ángel de la muerte pasó de largo por las casas marcadas con la sangre del Cordero, así todo espíritu de división, odio, rencor y resentimiento pasa de largo y no trae destrucción a nuestra casa.

En el nombre de Jesús, amén”.