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Devocional Nuevo
Manifestando el Fruto

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Juan 15:8

Dios no nos pediría que lleváramos fruto, si Él no nos hubiese dotado con todo lo necesario para hacerlo. Él ha depositado en nosotros todas las semillas que nos capacitan para dar fruto a través del cual Él sea glorificado.

Desde antes que naciéramos, desde antes que tuviéramos un cuerpo, ya nuestro Padre Celestial nos conocía, ya Él había creado un depósito de semillas para cada uno de nosotros.

Cuando entendemos que hemos sido dotados de toda las semillas necesarias para glorificar a Cristo, podemos entender a qué nos está convocando el Señor cuando nos manda a llevar mucho fruto, y ser así sus discípulos.

 Cada semilla puesta en nosotros necesita pasar un proceso para que pueda dar fruto.

Dentro de dicho proceso, lo primero que hace el Padre es traer luz. La luz no solo es vida, sino que también manifiesta todo lo que está impidiendo que esas semillas germinen. La luz nos confronta, dejándonos ver las semillas puestas en nuestras vidas y la condición del terreno en el cual han sido plantadas.

Después de traer luz, el Padre producirá separación. La separación nos ubica en el terreno apropiado para dar fruto. Todo lo que hemos recibido de Dios tiene requerimientos especiales y específicos para dar fruto, no da fruto donde nosotros queramos, da fruto en el lugar asignado por Dios para hacerlo. Cada semilla ha sido puesta en nosotros para dar fruto en un ambiente específico.

Por último es importante entender que las semillas que Dios ha puesto en nosotros están ocultas, no se ven a simple vista, solo el Espíritu Santo nos la puede revelar.

Estamos viviendo tiempos gloriosos, tiempos de manifestación en lo natural de lo que ya hemos recibido en lo espiritual.

Te invitamos a tomar un tiempo junto a tu familia y permitirle al Señor tratar esta área de sus vidas haciendo lo siguiente:

1.-Como familia preséntense delante de la presencia del Padre y pídanle al Espíritu Santo examinar sus corazones respecto al fruto que cada uno de ustedes está dando, en las diferentes áreas de sus vidas.

¿Sus palabras, sus pensamientos, su manera de obrar, es el fruto de las semillas que Dios ha puesto en sus vidas?

¿El fruto que están dando glorifica al Padre?

¿Pueden otros decir que son ustedes discípulos de Cristo por el fruto que pueden ver en sus vidas?

2.-Permita que cada miembro de la familia comparta lo que el Espíritu Santo le ha revelado:

¿La luz de Cristo te ha permitido ver las semillas puestas en tu vida, así como la condición del terreno en las que han sido plantadas?

¿Qué te ha revelado esa luz, en cuanto a la razón por la cual dichas semillas no han producido fruto que deben producir?

¿Consideras que el ambiente en el que has tratado de dar fruto es el ambiente propicio para las semillas que el Padre ha puesto en ti?

¿Te has empeñado en dar fruto donde tú consideras debes darlo y no donde el Padre te ha enviado a hacerlo?

¿Te ha revelado el Espíritu Santo las semillas que han sido colocadas en ti desde la eternidad?

¿Le has pedido que te las revele?

3.-Termine este tiempo haciendo la siguiente oración en familia:

«Padre en el nombre de Jesús como familia nos presentamos delante de ti dándote gracias por cada una de las semillas que has puesto en nuestras vidas desde antes de la fundación del mundo. Semillas cuyo fruto manifiestan al mundo que hemos sido escogidos y apartados para ser tus discípulos.

Padre te pedimos perdón porque reconocemos que no estamos dando el fruto que hemos sido llamados a dar, te pedimos que tu luz nos revele no solo las semillas que han sido puestas en nuestras vidas, sino todo lo que ha impedido que produzcan fruto. Oramos para que al ser fortalecidos en nuestro ser interior podamos preparar el terreno para que las semillas puedan dar fruto. Padre perdonando porque muchas veces hemos querido dar fruto donde hemos deseado, sin entender que cada semilla solo puede dar fruto en el ambiente que tú has determinado.

Padre en el nombre de Jesús te pedimos que nos permitas establecernos en el terreno adecuado para que cada semilla puesta por ti en nuestra vida pueda dar el fruto que tú planeaste.

En el nombre de Jesús hacemos esta oración, Amén»