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Devocional Nuevo

Colosenses 3:1-3Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.  Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”.

La expectativa es la esperanza de realizar o conseguir algo. Es la fuerza que nos moviliza a avanzar. Detrás de todo lo que hacemos hay una expectativa, un deseo por lograr o alcanzar algo. 

Las expectativas son necesarias, una vida sin expectativas sería una vida sin propósito, sin rumbo, aburrida, monótona, fácilmente manipulable. Sin embargo, las expectativas no cumplidas son causantes de muchas de nuestras frustraciones, dudas y aún crisis de fe.

La clave no es la expectativa en sí, la clave es la fuente de nuestra expectativa.

¿De dónde se generan nuestras expectativas?: De las cosas de arriba donde está Cristo, es decir de las cosas del reino; o de las cosas de la tierra, es decir de las cosas del mundo.

Te invitamos a tomar un tiempo junto a tu familia y permitirle al Señor tratar esta área de sus vidas haciendo lo siguiente:

  1. Como familia pidan al Espíritu Santo les revele que papel han jugado las expectativas en sus vidas. ¿Son el motor que les impulsa a seguir adelante, o por el contrario son las causantes de sus frustraciones, e incredulidad?
  2. Permita que cada miembro de la familia comparta lo que el Espíritu Santo les reveló y responda estas interrogantes: ¿Qué expectativas se han convertido en la fuerza que les motiva a seguir adelante? ¿Qué expectativas que no se han cumplido les han desmotivado, frustrado y aún sembrado duda en sus corazones?
  3. Compartan en familia cuál creen que es la fuente de las expectativas que se han cumplido y cuál la fuente de las expectativas que por alguna razón no se lograron. ¿La fuente de dichas expectativas fue el reino, o por el contrario fue el mundo?
  4. Terminen este tiempo en familia tomándose de las manos y haciendo la siguiente declaración:

 

“Padre en el nombre de Jesús te damos gracias porque hay un propósito divino con cada uno de nosotros. Gracias porque tu preparaste de antemano las obras en las cuales deberíamos andar, y en ese plan está contenido todo lo necesario para que podamos llegar a la meta. En el nombre de Jesús te pedimos que tu luz alumbre nuestros ojos para que podamos diferenciar lo que tu reino ofrece, de lo que el mundo nos ofrece. Que fortalecidos en el poder de tu Espíritu podamos desear y anhelar solo lo que viene de arriba, que toda expectativa que no está puesta en lo que tu reino ofrece sea expuesta a la luz para que podamos renunciar a ella en el nombre de Jesús. Gracias porque tú nos das abundantemente todo lo que esperamos cuando ese deseo está alineado a tu plan y diseño para nuestra vida.

 

En el nombre de Jesús amén”.