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Devocional Nuevo
La Importancia de los Ambientes

Lucas 8:4-8 

Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno. Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga.

 

Es curioso ver que en esta parábola el único factor cambiante es el ambiente sobre el cual cae la semilla. El que la semilla de fruto no depende del sembrador, ni aún de la semilla, depende del ambiente en el que cae.

Cada uno de nosotros fue llamado a dar fruto, ahora es importante entender que no daremos el fruto que estamos llamados a dar si estamos en el ambiente incorrecto.

El hombre fue diseñado por Dios para habitar y funcionar en un ambiente determinado. El huerto del Edén era el ambiente creado por Dios para el hombre, el lugar donde él iba a producir fruto, cumpliendo el propósito para el cual había sido creado.

Dios diseñó al hombre para habitar en el huerto, ese huerto era Cristo, nuestro hábitat es Cristo. Fuimos diseñados para habitar en Cristo; por lo tanto nunca podremos dar fruto fuera de Él.

 Si estamos en el ambiente equivocado jamás podremos dar el fruto que el Padre espera de nosotros. Muchas veces tenemos que salir del ambiente donde estamos para poder dar el fruto que tenemos que dar. Todo lo que hemos recibido de Dios tiene requerimientos especiales y específicos para dar fruto.  No da fruto donde nosotros queramos.

Cuando minimizamos la importancia del ambiente seremos afectados sin saber la razón. Los ambientes predisponen, halan tanto a permanecer en El Señor como a separarnos de Él.  Hay ambientes que tienen la capacidad de afectarnos más que otros. Si un ambiente nocivo nos hala, nos contamina, se constituye en un ambiente tóxico para nosotros y debemos salir de él.

Te invitamos a tomar un tiempo junto a tu familia y permitirle al Señor tratar esta área de sus vidas haciendo lo siguiente:

1.- Como familia preséntense delante de la presencia de Dios y pidan al Espíritu Santo que les revele el fruto que están dando en cada una de las áreas de sus vidas.

¿Pueden decir que ese fruto corresponde a las semillas que el Padre sembró en sus vidas desde la eternidad?

¿Consideran que el ambiente en el cual esas semillas se encuentran es el adecuado para que puedan dar el fruto que el Padre diseñó desde antes de la fundación del mundo?

2.- Permita que cada miembro de la familia comparta lo que el Espíritu les reveló.

¿Tenemos certeza que los ambientes influyen en forma directa en el fruto que de una semilla?

¿Puedes determinar si te estás moviendo en algún ambiente nocivo para ti, es decir, que no solo te esté impidiendo dar fruto, sino que te esté halando fuera de la voluntad del Padre para tu vida?

¿Qué acciones concretas puedes tomar para salir de esos ambientes que están estancado el fruto de las semillas puestas en ti?

3.- Terminen este tiempo haciendo la siguiente oración en familia:

“Padre en el nombre de Jesús te damos gracias por todas las semillas que has puesto en nuestras vidas desde la eternidad, sabemos que son semillas buenas y que tienen la capacidad de dar fruto abundante.

En el nombre de Jesús oramos para que tu luz alumbre los ojos de nuestro entendimiento y podamos ver con claridad el ambiente en el cual hemos puesto las semillas con las cuales tú nos has dotado. Entendemos que ninguna semilla puede dar fruto en el ambiente equivocado.

Padre te pedimos que nos reveles todo ambiente que es tóxico para nosotros, no solo porque está impidiendo que tus semillas den fruto en nuestras vidas, sino porque nos están halando fuera de tu voluntad.

Que de la misma manera que fortaleciste a Abraham para salir de su tierra y de su parentela porque ese ambiente era nocivo para las semillas de fe que habías puesto en él, que seamos fortalecidos en nuestro ser interior para salir de los ambientes que debamos salir, sabiendo que has preparado el ambiente preciso para que podamos dar el fruto que esperas que demos.

Gracias Padre porque fuimos creados para vivir, movernos y existir en Cristo. Declaramos que permanecemos en ti y que al hacerlo damos fruto abundante y permanente, en el nombre de Jesús, Amén”