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Devocional Nuevo

Salmos 34:3 Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre.

En este Salmo David escribe una de las mejores definiciones de adoración: El acto de exaltar y magnificar a Dios, engrandeciendo la visión que tenemos de Él.

La adoración NO tiene que ver con una respuesta de nuestra alma, es una respuesta de nuestro espíritu a la revelación de quién es Dios y quiénes somos nosotros en Él.

Cuando adoramos nos acercamos más a Dios y entre más nos acercamos más grande es nuestra percepción de Él. El tamaño de Dios no cambia, tampoco cambia su poder, en Él no hay mudanza ni sombra de variación, sin embargo, la adoración sí cambia la percepción que tenemos de Él. La adoración nos permite entrar en una dimensión diferente a la que vemos, oímos o sentimos, la adoración nos introduce en el plano donde Dios se mueve.

Eso fue lo que le sucedió a Jesús cuando subió al monte con sus discípulos a adorar, su adoración produjo que fuese transfigurado delante de ellos, fue lo que le sucedió a Esteban cuando antes de ser apedreado adoró a Dios y su rostro se volvió como el rostro de un ángel, esto también le sucedió a Moisés cuando después de adorar a Dios debía colocarse un velo a causa del resplandor de su rostro. Cuando exaltamos a Dios, cuando con nuestra alabanza engrandecemos su poder,  su grandeza, su santidad, sobre las circunstancias que vivimos, algo comienza a pasar, las puertas a una dimensión sobrenatural se abren y somos llevados a lugares celestiales, lugares donde nuestros rostros son transformados.

Nuestra adoración es una gran herramienta evangelística. La gente que nos ve adorando quizá no comprenda lo que sucede en nuestras vidas, quizá no entiendan el significado de nuestras palabras, del porqué levantamos las manos, danzamos y cantamos con júbilo, sin embargo sí reconocerán el gozo que hay dentro de nosotros, verán nuestro rostro transformado y querrán también experimentar lo que nosotros estamos experimentando.

Te invitamos a tomar un tiempo junto a tu familia y permitirle al Señor tratar esta área de sus vidas haciendo lo siguiente:

1.- Tomen un tiempo como familia y pídanle al Espíritu Santo les revele cómo es su vida de adoración. ¿Qué significa adorar para ustedes? ¿Han hecho de la adoración un estilo de vida o por el contrario es una acción que solo realizan en la congregación?

2.-Permita que cada miembro de la familia comparta lo que el Espíritu Santo le reveló.

Adorar es exaltar y magnificar al Padre engrandeciendo la imagen que tenemos de Él.

¿En medio de las circunstancias difíciles, a quién realmente exaltamos, dónde ponemos nuestros ojos, a quién engrandecemos?

Adorar significa engrandecer al Padre poner nuestros ojos en Él haciendo que todo problema y circunstancia luzca pequeña comparado con su gloria. ¿En nuestra vida cotidiana a quién estamos adorando, a quién estamos engrandeciendo, en qué estamos poniendo nuestros ojos, hacia quién nos estamos acercando? ¿Pueden otros dar testimonio de nuestra adoración al Padre?

3.- Termine este tiempo haciendo esta oración en familia:

“Padre en el nombre de Jesús te damos gracias por traer luz a nuestra vida sobre el verdadero significado de la adoración. Gracias porque nos revelas tu amor, tu poder, tu grandeza, tu bondad, gracia y justicia y al hacerlo nos permites entender quién eres Tú y quiénes somos nosotros en ti.

Padre en este día como familia decidimos engrandecerte por sobre toda situación que estemos atravesando, decidimos exaltar tu nombre por sobre todo otro nombre. Levantamos nuestras voces para adorarte, para declarar tu grandeza, tu amor, tu poder y así como lo hacemos nuestros ojos se abren para verte, nuestra adoración nos acerca a ti y en la medida que nos acercamos somos impregnados de tu gloria. Al adorarte tú te engrandeces por sobre toda adversidad, al exaltar tu nombre nuestros ojos se abren para verte y al verte somos transformados a tu imagen.

Gracias Padre porque fortalecidos en el poder de tu Espíritu hacemos de la adoración un estilo de vida que nos permite entrar a lugares celestiales y en Cristo y desde Cristo afrontar toda circunstancia para honra y gloria de tu nombre, Amén”