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Devocional Nuevo

Santiago 1:13-15  (NTV)  Cuando sean tentados, acuérdense de no decir: «Dios me está tentando». Dios nunca es tentado a hacer el mal y jamás tienta a nadie.  La tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran.  De esos deseos nacen los actos pecaminosos, y el pecado, cuando se deja crecer, da a luz la muerte.

El deseo del corazón es el motor impulsor que dirige nuestra vida, es una fuerza que nos atrae y no seduce. El hombre siempre sigue el deseo de su corazón. Es el deseo del corazón el responsable de la manera que pensamos y actuamos.

El deseo del corazón de Jesús fue lo que lo llevó a vivir una vida sin pecado. Su único deseo era hacer la voluntad del Padre. También fue el deseo del corazón en Eva la que la llevó a pecar contra Dios.

Los deseos del hombre nacen en la necesidad que tiene de obtener aquello que perdió a causa del pecado. Amor (aprobación y aceptación), seguridad, identidad y propósito.

Estas necesidades fueron suplidas por Cristo para que nuestro Corazón no vaya tras ellas. Fueron suplidas para que podamos poner en el centro de nuestro Corazón a Cristo mismo y no la búsqueda de algo que ya nos fue dado

Si el deseo de nuestro corazón no es Cristo, si continuamos deseando lo que perdimos, no importa cuánta palabra confesemos, cuanta escritura sepamos, predicas escuchemos, y ofrendas demos, más tarde o más temprano terminaremos haciendo lo que el corazón nos indica.

Te invitamos a tomar un tiempo junto a tu familia y permitirle al Señor tratar esta área de sus vidas haciendo lo siguiente:

 

1.- Como familia pónganse de acuerdo y pídanle al Espíritu Santo examinarlos y revelarles cual es el verdadero deseo de sus corazones, cuál es la motivación por la que hacen lo que hacen, ¿Qué es lo que realmente están buscando, que es lo que en realidad anhelan y como ese deseo se ha convertido en el timón de su vida?

2.- Tomen un tiempo para que cada persona de la familia comparta lo que el Espíritu Santo le revelo, respecto al deseo y la motivación de sus corazones: Quizá su deseo es Cristo y solo El, su esencia, su naturaleza, su vida manifestada en cada área del ser, quizá otros desean amor, seguridad, identidad, propósito y anhelan que Cristo les ayude a obtener lo que desean. Otros anhelan a Cristo, pero al mismo tiempo anhelan amor, bienestar, seguridad, etc. ¿De qué manera ese deseo le ha llevado a vivir el evangelio? Es importante que cada uno pueda ser honesto al compartir lo que el Espíritu Santo les mostro.

 

3.- Después de exponer como familia lo que les ha sido revelado tómense de las manos y hagan la siguiente declaración juntos:

¨Padre en el nombre de Jesús te damos gracias porque el reino de los cielos es un reino del corazón y para el corazón, gracias porque cuando llegaste a nuestra vida lo primero que tocaste fue nuestro corazón, lo envolviste con tu amor, lo escondiste en ti para protegerlo, lo afirmaste como propiedad tuya y le diste un propósito de existir.

Padre gracias porque abres nuestros ojos para que entendamos que todo lo que perdimos a causa del pecado nos ha sido restituido en ti. No hay nada que buscar que ya no tengamos en ti. Tu eres nuestra fuente de amor, de aprobación de aceptación, eres nuestra fuente de seguridad, protección y provisión, eres nuestra fuente de identidad en ti somos y porque somos podemos hacer. Nada nos falta si estamos en ti. Padre gracias porque al entender que en ti estamos completos podemos desechar todo deseo de nuestro corazón que no seas tu.

En el nombre de Jesús declaramos que te colocamos a ti como el anhelo y deseo de nuestro corazón. Cristo Jesús es nuestro deseo, hacer tu voluntad es nuestro anhelo, obedecerte nuestro sueño y conocerte nuestro más grande anhelo.

En el nombre de Jesús lo declaramos y establecemos amen»