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Devocional Nuevo
Enfrentando el Temor

Romanos 8:38-39 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

 El temor es una emoción negativa que se produce cuando valoro que algo malo puede ocurrir, y que yo no tengo las herramientas para afrontar esa situación.

El temor surge cuando creo que mi fuente de vida está siendo amenazada y que no tengo las herramientas para evitarlo, es decir, valoro que algo malo puede ocurrir que me robe la salud, que me deje sin provisión o que afecte mis relaciones interpersonales. No solo que algo malo puede venir sino que no tengo las herramientas necesarias para afrontar esa situación.

Para los que están en Cristo esta definición no debería aplicar:

Nada malo puede ocurrir a un hijo de Dios, la Biblia dice que TODAS las cosas ayudan para bien a los que aman a Dios y si algo que no consideramos bueno pudiera pasar, fiel es nuestro Dios para no dejarnos pasar por aquello que no podamos resistir y para lo cual no nos haya dado previamente la salida para que podamos salir victoriosos.

El temor se origina en la caída del hombre.  La desobediencia del hombre produce que Dios lo expulse del Edén, el lugar donde todas nuestras necesidades (Salud, dinero y amor) estaban completamente suplidas.

Estas tres áreas, salud, dinero y amor son críticas en nuestra vida: si tengo problemas con la salud y me atemorizo por la enfermedad y la muerte, o si tengo temor a la falta de provisión: problemas económicos o escasez. O tengo problemas con mis relaciones interpersonales, miedo al rechazo, celos, envidias, peleas, discusiones o disensiones.

Cuando venimos a Cristo volvemos a entrar en el Edén, Él es la fuente de vida, la sanidad divina del Padre, la provisión que nunca se agota y el amor incondicional que nos acepta y aprueba. Por lo tanto cuando estamos en Cristo no hay porque temer, pues nada ni nadie puede separarnos de la única fuente verdadera de vida.

Te invitamos a tomar un tiempo junto a tu familia y permitirle al Señor tratar esta área de sus vidas haciendo lo siguiente:

1.-Preséntense delante del Padre y pídanle al Espíritu Santo sacar a la luz los temores escondidos en las profundidades de sus corazones.

¿Percibes que algo malo puede venir a tu vida, a tu familia, y que si eso malo llegara no tendrías como enfrentarlo?

2.-Permita que cada miembro de la familia comparta lo que el Espíritu Santo les reveló.

¿Qué temor estás experimentando en este momento? ¿Hay temor a la enfermedad, hay temor de perder la provisión, hay temor al rechazo?

¿Por qué razón percibes que algo malo puede venir contra tu salud, tu provisión o tus relaciones interpersonales?

¿Crees que si eso que temes llegara a suceder tendrías las herramientas necesarias para afrontarlo y superarlo? ¿Cuáles serían concretamente dichas herramientas?

3.-Termina este tiempo haciendo la siguiente oración junto a tu familia.

“Padre en el nombre de Jesús te doy gracias porque me alcanzaste con tu gracia y me introdujiste nuevamente en Cristo, en Él todas mis necesidades están suplidas. Él es la fuente de vida, Él es la salud divina a todo mi cuerpo. Él es mi inagotable provisión, en Él soy amado, aceptado y aprobado por ti.

Padre te pido perdón porque a pesar de haberme abrazado en tu amor, reconozco que he permitido el temor en mi corazón, he puesto mi confianza en fuentes falsas, fuentes que no son tú, y al hacerlo he permitido que el enemigo me atemorice con la idea de robarme la salud, la provisión, el amor y la aprobación, que solo se encuentra en ti.

Perdóname porque con mi temor le he dado el derecho al enemigo de quitarme lo que no me ha dado. En el nombre de Jesús yo declaro que la sangre derramada en el calvario me limpia de todo mi pecado, te doy gracias porque me perdonas y porque me fortaleces en el poder de tu Espíritu para estar firme creyendo que tú eres mi fuente inagotable de vida, la roca firme sobre la cual está edificada mi vida.

Gracias porque como hijo tuyo decido creer que todas las cosas ayudan a mi bien y que fiel eres tú para no dejarme pasar por ninguna situación sin que antes me hayas dotado de todo lo necesario para atravesarla y salir victorioso.

En el nombre de Jesús renuncio a todo espíritu de temor y a su influencia en mi vida. Declaro que el perfecto amor del Padre en Cristo me envuelve, en el amor no hay temor yo soy un hijo amado de mi Padre. En el nombre de Jesús, Amén”