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Devocional Nuevo

Efesios 4:1-2Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”

 Dios nos llama a caminar proyectando el amor que Él ha depositado en nuestros corazones.

El amor da resultado, es el motivador más poderoso del universo. Nacemos con una sed de amor que nos dura toda la vida. Nuestro corazón lo necesita con desesperación de la misma manera que nuestros pulmones necesitan oxígeno.

El amor se apoya en un pilar que lo define a la perfección: “La paciencia”.

El amor nos inspira a transformarnos en personas pacientes. La paciencia es una manifestación del amor y de la misma manera en que el amor no es un sentimiento sino una decisión el ser paciente se decide no se siente.

Cuando decidimos ser pacientes, respondemos en forma positiva frente a situaciones negativas. Somos lentos para enojarnos, decidimos guardar la compostura en vez de enfadarnos con facilidad. La paciencia nos ayuda a calmarnos y a demostrar misericordia, produciendo paz y tranquilidad aún en medio de una terrible tormenta.

La persona impaciente reacciona exageradamente con enojo, insensatez y de manera lamentable. El enojo casi nunca mejora las cosas, es más por lo general produce problemas adicionales, el enojo esparce veneno en lugar de medicina. Por el contrario, la paciencia para en seco cualquier controversia, sana, restaura, nos hace sabios, espera, no se apresura a sacar conclusiones sino que escucha primero antes de juzgar.

La paciencia es el punto en que el amor se une a la sabiduría. La paciencia nos ayuda a darle permiso al otro de ser humanos, comprende que todos fallamos y cuando el otro comete un error decide darle más tiempo del que se merece para corregirlo. Te proporciona la capacidad para resistir durante las épocas difíciles en lugar de huir ante la presión.

Te invitamos a tomar un tiempo junto a tu familia y permitirle al Señor tratar esta área de sus vidas haciendo lo siguiente:

1.- Pídanle al Espíritu Santo les revele si el fruto de la paciencia está siendo manifestado a través de sus vidas ¿Estás manifestando amor hacia tu cónyuge, hijos y demás familia siendo paciente con ellos? ¿Consideras que otros se sienten amados por ti porque tú les tienes paciencia?

2.-Permita que cada miembro de la familia comparta lo que el Espíritu Santo les reveló:

¿Eres de aquellos que reaccionan exageradamente y con enojo frente a situaciones que se salen de tu control o por el contrario tienes la capacidad de guardar silencio y no apresurarte a actuar guiado por la ira? ¿Entiendes y aceptas que como humanos podemos fallar y estás dispuesto a dar una nueva oportunidad o por el contrario te apresuras a juzgar?

3.-Terminen este tiempo haciendo la siguiente oración tomados de la mano:

“Padre en el nombre de Jesús te damos gracias por tu amor y por la revelación de ese amor en Cristo, gracias porque somos vasijas llenas de tu amor, con la capacidad de manifestarlo a otros. Gracias porque es la presencia de tu Espíritu en nosotros que nos da la capacidad de amar y ser amados. Gracias porque tu amor se ha manifestado en que con paciencia tratas con nosotros, nos aceptas, nos esperas, con la convicción que responderemos a tu amor.

Padre hoy como familia te pedimos perdón por todas las veces que nos hemos dejado guiar por el enojo y la ira, hiriendo y lastimando al otro, perdónanos por juzgar aceleradamente sin entender que como seres humanos podemos fallar. Perdónanos por permitir que sea nuestra carne la que reaccione, cuando tú nos has hecho vasijas llenas de tu amor para que podamos desbordarlo sobre otros.

En el nombre de Jesús te pedimos que fortalecidos en el poder de tu Espíritu Santo podamos ser instrumentos que manifiesten tu amor, siendo pacientes, esperando lo mejor del otro, callando antes de herir con nuestras palabras, siendo misericordiosos al comprender que como seres humanos todos fallamos, pero que Tu gracia está siempre presta para levantarnos. Gracias Padre porque podemos amar con el amor que nos has amado y ser paciente con otros de la misma manera que tú has sido paciente con nosotros, en el nombre de Jesús. Amén”